De la oscuridad hacia la luz. La historia de amenazas sobre el Valle Cochamó podría tener un final feliz gracias a una iniciativa por proteger a perpetuidad su riqueza natural, su cultura y, por supuesto, sus paredes. Tommy Caldwell escala Entre cristales y cóndores (5.13b), durante su reciente visita al valle. Puchegüín, Chile. Austin Siadak
Avanzando por un sendero tipo trinchera de dos metros de altura, cubierto de musgo y barro, donde cabe solo un cuerpo a la vez. El aire huele a hojas. El bosque denso tapa el cielo. Cerca se escucha el río, el canto del chucao y los pasos que se hunden en la tierra. Lleva más de seis kilómetros caminando río arriba, hacia los valles altos de Cochamó, en la Patagonia norte de Chile, con una idea clara: usar su talento y visibilidad como escalador de grandes paredes para ayudar a conservar este magnífico ecosistema. En su espalda va Cody, el hijo de dos años del legendario escalador Timmy O'Neill. También lo acompañan el belga Sean Villanueva y la alemana Döerte Pietron. Las paredes de granito que lo llevaron a viajar desde su casa en California —una de las postales más características de Cochamó— aún no aparecen; se ven de golpe, dicen los guías locales, sin aviso, como una revelación. Tommy lo mira todo con asombro y piensa en voz alta: "Esto se siente como un pedazo de historia. Yo vengo del desierto y aquí todo es verde y exuberante. Todo está vivo".





















